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Reseña del libro Quiero Ser Artista

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Debería haber sospechado del movimiento lateral de sus ojos. Parecían latir como garrapatas comedoras de luz. Lo descarté. Siempre había sido un tipo extraño que no miraba, franco, a los ojos. Ni lo admiré del todo ni lo detesté por completo. Creí que era un hombre común con alguna capacidad para la ciencia y la fotografía.

Su temperamento —su olor a transpiración— me impedía concebirlo como artista. Usaba la retórica para analizar su propia obra. No le salía mal pero abusaba de las pausas. Era enfático. Estaba convencido de que lo suyo —“mi obra fílmica”, decía— sería valiosa para los demás. No sé en quién pensaba cuando se refería a su “público”. Era insoportable. No estoy seguro de que supiera de su fracaso. Hizo su nido en la excentricidad. Negoció calma en la rareza. No pretendo ocuparme de definir si lo que dejó Kovacic perteneció o no al arte. (Aunque ahora pertenece a las cenizas.) El aturdimiento, la responsabilidad y la nostalgia me exigen hablar de él. También, la culpa. Tonifiqué un poco mi declaración policial para dejar claro que lo suyo eran problemas mentales. Quizá —lo pienso días después— para protegerme a mí. Me sofistiqué y dejé dicho que quizá, en vez de entrar en la historia del arte, Kovacic haya entrado en la historia de las curiosidades. Oí a uno de los sargentos decir —mirándolo bambolearse como un jamón— “loco de mierda”. 

Voy a tratar de explicar un poco.

Aunque durante años se ganó la vida como productor y realizador audiovisual de canales de televisión por cable, Jiri Kovacic, argentino de padres polacos, se llamaba a sí mismo “documentalista”. Le gustaba enumerar las virtudes que exigía su trabajo: el poder de observación, la sensibilidad para hablar con la gente y esa cosa aventurera que tienen algunos buenos camarógrafos. Yo sé de primera fuente que pasó la mayor parte de su vida en la organización de programas de cocina, noticieros de espectáculos y programas de entrevistas filmados en estudio. Muy cada tanto salía a filmar cosas sueltas los fines de semana. No le puedo negar el derecho a embellecer su propia biografía. Quién no miente un poco cuando le toca presentarse." 

Detalles de Quiero Ser Artista

  • 120
  • 400
  • Rústica
  • 2019
  • Castellano
  • 9789873633041

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