Comentario
El gran humanizador de la psiquiatría fue sin duda, el médico francés Phillipe Pinel. A comienzos del siglo XIX, en un acto "revolucionario", suprimió las cadenas que se colocaban a todo enfermo que parecía tener una afección psiquiátrica, A mediados del siglo XX, aparecen dos estructuras químicas con efectos sobre el sistema nervioso central: la clorpromacina y los antidepresores tricíclicos, iniciando una nueva era farmacológica, que es coronada con una clasificación de las alteraciones psiconeurológicas que resultó fundamental: la de Delay y Deniker, que logra agrupar las psicopatías en psicolépticas y psicodislépticas.
A posteriori, el empleo de animales de laboratorio, simulando patologías mentales, así como la profundización de los conocimientos bioquimicos-moleculares crearon nuevos mecanismos y teorías que incitaron la búsqueda de nuevos agentes terapéuticos. Así aparecen tas neurociencias, que buscan no solo medicar al paciente sino también atender y mejorar su calidad de vida.
Los enfermos neuropsíquiátricos necesitan una adecuada observación y vigilancia, en especial en lo referente a la acción de fármacos.
Los institutos nacionales y privados que tratan e internan a los enfermos, están colmados de pacientes. Sus estructuras muchas veces son anacrónicas, deficientes de personal adecuadamente preparado y de presupuesto lógico. El número de pacientes ambulatorios crece y así la terapéutica se hace discontinua.
Por estas razones, hoy la tarea debe hacer participar a todo el «equipo de la salud<: médicos, farmacéuticos, bioquímicos, farmacólogos y trabajadores sociales. Así se complementan con tareas de unos y otros; iniciando una tarea conjunta, médicos y farmacéuticos organizan conferencias y cursos anuales desde 1970.
Todas las asociaciones dedicadas a las patologías neuropsiquiátricas se interrelacionan y certifican a los especialistas, luego de un entrenamiento adecuado.
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