Comentario
"En mi infancia me asombraba el misterio de las alfombras voladoras. Más tarde comprendí que lo que volaba era otra cosa, y que a veces se llama arte a aquello en ellas que nos conecta con algo más trascendente.
Muchas de las piezas que hoy conocemos como arte primitivo fueron realizadas como instrumentos de conexión con lo sagrado. Esa sabiduría incluía, además, la capacidad de vivir en profunda armonía con la naturaleza. Al olvidarse aquel saber, desapareció esa función, aunque permanezcan encendidas todavía algunas brasas de aquellos fuegos.
El arte textil del mundo quichua santiagueño está poblado de estos chispazos de la gente de antes. En sus telares, el espíritu del monte juega en silencio, se hace materia y evoca su origen. Rastros de su andar con destino argentino nos recuerdan que cinco siglos atrás el monte fue cuna y matriz de nuestras primeras criollas, y que aquellas mujeres llevaban en su corazón mestizo tradición de la más antigua sabiduría." Ricardo Paz |