Comentario
¿Quién es María Teresa Corradini? Este libro responde. Con sus páginas, ella va por sus raíces; y va por sus lejanos sueños; y va por la punta de esa madeja que se remonta a la hambrienta guerra mordiéndole los talones; y va por esa desvelada vida de inmigrante, vida que amasó con la misma tenacidad y fervor con la que sigue amasando la harina de su gloriosa pasta.
¿Cómo definir a nuestra infatigable Teresa? Es un prepotente himno al trabajo. Para ella, el trabajo es un mandato ancestral. Y es un bálsamo. Y es, también, una manera de redimir el llanto, de convertir el dolor en sueño y la tragedia en esperanza. El trabajo, celebración imprescindible.
¿Cómo es nuestra Teresa? No se parece a una brisa, es un renovado huracán: pasa del llanto a la risa, camina al trotecito, tiene manos de escultura, el pelo blanquísimo, no conoce el maquillaje, el acento italiano está en el semblante de su voz arrebatada.
¿Pero quién es, realmente, Teresa? Es una mujer que hace de comer. Haciendo de comer ella hace amor. Hace poesía cuando amasa y hace poesía cuando escribe sus candores en cuadernos condecorados por las señales digitales del aceite de oliva.
Para mejor saber quién es y cómo es, escuchemos su palabra viva. Ella dice: "Nada hay más persuasivo que el amor". Ella advierte: "Llorar hace bien, pero no debemos descansar en las lágrimas. íHay mucho que hacer!". Ella enseña: "En la cocina como en la vida, todo sirve, todo se transforma". Ella cuenta: "Al principio, cuando me veían escribiendo, decían: Teresa se ha vuelto loca. Pero es al revés: porque escribo no me vuelvo loca". Con sol o con lluvia, con frío o con zonda, ella no duda: "Todo lo que está tiene que vivir".
Estoy convencido: el pasaporte de María Teresa Corradini de Barbera, en vez del rostro sobre fondo blanco, debiera tener la foto de sus incesantes manos vigorosas, enterradas en el prodigio de la harina en trance de masa. Porque estas manos, amasando, amasando, se sobreponen al dolor, al llanto, a la irreparable congoja. Porque estas manos, amasando, amasando, empujan, hacen que la rueda de la Vida siga rodando.
Rodolfo Braceli |