Comentario
Estimado lector, no encontrará en estas páginas falsas neutralidades que con estilos lavados, profusas citas a pie de página o aparatos críticos interminables encubren voluntades concretas de poder y de verdad, ajenas por cierto a la mayor o menor consistencia de los argumentos.
Sostenemos, que la tarea más eficaz que pueda asignarse a la moderna crítica epistemológica o a la sociología de la ciencia, cuando de abordar el aparato conceptual de la economía se trata, no radica en aceptar supuestos como verdades de catecismo, sino precisamente ayudar a desmontar, como en un mecanismo, las condiciones sociales de producción y legitimidad lógica y factual de esos presuntos saberes. Esta elección, fascinante por cierto, no escapa de sufrir aún hoy, una cierta marginalidad científica, no producto de su pertinencia como espacio reflexivo, sino porque el canon metodológico y temático de la ciencia convencional siempre cobija con mayor calidez a la obediencia, a la pereza o a la ingenuidad.
Vivimos tiempos ambiguos que pendulan todavía entre la posmodernidad declinante y el proyecto incumplido de la modernidad, que por inacabado permite conservar, quizás, la virtud de las teorías que le otorgaron sentido, aunque sea preciso un esfuerzo de renovación de las grandes narraciones, hasta encontrar una utopía que pueda reconciliar a la razón del Poder con el poder de la verdad.
No es posible seguir tolerando un poder político y económico cuya única razón de eficacia sea su autoconservación, lograda en sus extremos apelando a la mentira y la violencia. Pero tampoco una ciencia económica, que en su vertiente principal, acentúa sus rasgos de discurso apologético del capitalismo, haciendo caso omiso de sus contradicciones brutales, porque también es optar por la mentira ejerciendo una forma de violencia contra la razón.
Las páginas que siguen intentan ser un mínimo aporte a esa renovación.
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