Comentario
¿Qué es estar juntos? ¿Podemos estar juntos y a ia vez solos? ¿Estar juntos es la experiencia propia de la política? ¿Cómo juntar política y soledad? La soledad tiene dos caras que no sólo hay que distinguir, sino también poner en contacto: por un lado, la intimidad y el refugio seguro; por otro, la dispersión, el aislamiento y el desastre.
En diversas tradiciones filosóficas, política y soledad han aparecido unidas por una adecuación necesaria (la vita contemplativa al servicio de la vita activa, que se aisla para pensar los fundamentos de la polis) o disociadas por una clara oposición (la soledad como anulación totalitaria de la acción concertada.
En Sobre la soledad. En tomo a una política imposible, Guillermo Pereyra cuestiona estas dos tendencias dominantes y sostiene que no hay necesariamente una relación de exterioridad entre soledad y comunidad, pero tampoco una armonización filosófica de ambos términos. Pereyra explora estrategias para pensar fuera del horizonte del "retorno de la filosofía política", pero también de las diversas teorías de la especificidad de lo político.
Cuanto más se expone el sentido originario de la comunidad como desnudez confiante, salida fuera del sujeto dueño de sí, más se corre el riesgo de quedarse solo o de pertenecer a una comunidad cuyos miembros están unidos por la soledad pues hay soledad en quienes asumen sustraerse a la opinión moral, exponerse al otro, enfrentar el poder soberano...
A partir de las nociones de intimidad, nombre propio y acto ético, Pereyra trata de pensar más allá de las formas soberanas de separación del poder, que encierran la vida en los estrechos límites de la culpa. La diferencia entre una política de la soledad y los dispositivos de poder abre la posibilidad de un sentido impensado de la política, que la lleva al límite o fuera de sí misma. Así, la soledad dentro de la comunidad irrumpe como el afuera de lo político.
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