Comentario
Estos ensayos sobre literatura de Rodolfo Rabanal tienen el ánimo de un relato: imposible encasillarlas en el ensayo ortodoxo y convencional, su narración es más bien una deriva. A caballo entre las notas personales (de carácter por momentos intimista) y los relatos imaginarios, este cruce de la experiencia y la observación distanciada despliega admirablemente las posibilidades de sus significados e interpretaciones.
Concebidos por el gusto peregrino de "viajar o navegar por la escritura"; sus motivaciones originarias son a veces semejantes a una toma fotográfica efectuada al pasar, y otras libradas a ese falso azar de las sorpresas cotidianas.
Así, le dedica a Dante y la Divina Comedia una iluminadora y emocionada forma de leerla; el segundo ensayo discurre sobre el arte de la conversación y el de escribir cartas, y entre las correspondencias célebres del siglo XX, las de Paul Bowles, las de Ernest Hemingway, las de Kafka, las que intercambiaron Horacio Quiroga y Ezequiel Martínez Estrada, y la muy singular entre Rainer Maria Rilke, Marina Tsvétaieva y Boris Pasternak en el verano de 1926; las de Victoria Ocampo con Ortega y Gasset. Finalmente, el lenguaje y el silencio, T.S. Eliot, Beckett, Thomas Bernhard y la posibilidad de decir. Y por último, Shakespeare.
Siguiendo el estilo que inaugurara Montaigne, quien hizo del ensayo una obra literaria ligera y provisional, estos textos de Rabanal son una suerte de monólogo ameno, liviano y plenos de ideas prodigiosas.
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