Comentario
Nunca en la historia del mundo se habló tanto de comunicación. Al parecer, esta debería resolver todos los problemas: la felicidad, la igualdad, el desarrollo de los individuos y de los grupos. Y (según se cree) mientras tanto los conflictos y las ideologías se difuminan.
La comunicación invade todos los campos: en la empresa, donde el sector "relaciones humanas", que no era más que un elemento entre otros, se convierte en preeminente; en la empresa también, donde el marketing concernía en otro tiempo al producto y hoy trabaja la imagen de la firma como tal; en los medios políticos, que sólo creen en el marketing político y en la imagen de la marca, y para quienes en lo sucesivo una línea política que carezca de eco en los sondeos está excluida; en la misma prensa, donde abundan los artículos acerca de "comunicación"; en el medio audiovisual, objeto de todas las codicias políticas y publicitarias; en la publicidad, que se siente honrada al denominarse "empresa de comunicación"; ámbito editorial, donde se producen libros estándares, semiindustriales, "livres Poilane", según la feliz expresión de Marc Guillaume; en la esfera religiosa, que no se salva y ahora quiere revelarnos un dios amable y presentable; en las psicoterapias individuales y de grupo, que se pretenden "comunicativas"; en la ciencia de las organizaciones y de la decisión; en las propias ciencias "exactas" (física, biología), contaminadas por vocablo "comunicación"; sin hablar, por supuesto, de la inteligencia artificial, la informática o las ciencias cognitivas. Extraña y fuerte convergencia de los diferentes campos. Consenso transnacional a partir del cual se llega a creer en una nueva ideología, incluso en una nueva religión mundial en formación.
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