Comentario
En diciembre de 1875 Juan María Gutiérrez, notable exponente de la cultura argentina, rechaza el diploma de miembro correspondiente que le otorga la Real Academia Española. La carta en la que fundamenta su decisión, publicada en uno de los periódicos bonaerenses más influyentes de la época, sorprende al ambiente literario, porque en ella Gutiérrez pone en cuestión la naturaleza del idioma que debe utilizarse en el Río de la Plata. Sostiene que el escritor americano no debe subordinarse a legisladores de su lenguaje, porque éstos pueden convertirse en legisladores de su pensamiento, más aún cuando quien dicta las normas es la Real Academia, institución monárquica fundada, a su juicio, con fines políticos, y que pretende congelar la evolución de una lengua que desde sus orígenes se nutrió con los aportes de numerosos pueblos y culturas. Desde las páginas del semanario porteño Antón Perulero, su director, el español Juan Martínez Villergas, recoge el guante y se inicia así una de las polémicas más apasionantes de nuestra historia literaria, que bajo diversas expresiones se prolongó durante casi un siglo y medio y que aún conserva una sorprendente actualidad.
A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y de todo el siglo XX, salvo contadas excepciones como las de Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes o jorge Luis Borges [...], los escritores, los língüistas y los intelectuales han debido inscribirse en una ir otra de aquellas dos posiciones, al responder a la pregunta de fondo enunciada por Gutiérrez: ¿la cultura americana luego de la independencia, es española aún o no lo es ya? |