Comentario
Cuando los colonizadores españoles llegaron a América, no existían en ella las especies domésticas conocidas por ellos: vacunos, lanares y equinos, y debieron traerlas desde Europa en sus barcos. Al país fueron introducidas desde España, entre los años 1550 y 1580, primero a través del Perú, Chile y Paraguay y posteriormente directamente por el Río de la Plata (Rouse, 1977).
La destrucción de los poblados de los colonizadores por los ataques de los indios, provocó que estos animales quedaran en libertad, se "alzaran" y en estado semisalvaje se adaptaran a un medio favorable que les permitió su reproducción y aumento en forma considerable. En el caso de los vacunos, esto se vio favorecido a su vez, por la falta casi total de enemigos naturales y por la ignorancia de los indios para explotarlos y consumirlos como medio de vida. Sólo el caballo mereció atención por parte de los indios, ya que les proporcionaba tanto un medio para trasladarse como para su sustento (Fraboschi, 1959). Esta situación se ve reflejada en una crónica de la época (1705): "Los caballos, los asnos y las mulas no son tan salvajes como los animales vacunos. Pertenecen a particulares quienes crían y alimentan a tantos les place. Cada cual ocupa el terreno que le conviene y construye zanjas para limitarlos".
Las sucesivas adaptaciones del ganado al ambiente, dieron origen a un nuevo biotipo de ganado, que continuó multiplicándose dando origen al ganado "criollo" (Fraboschi, 1959), que con la nueva colonización, se explotaba en forma muy precaria, para satisfacer las necesidades de las nuevas poblaciones españolas.
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