Comentario
Cuesta apreciar, en esta era de astronautas, el alarde de imaginación y de audacia que significó la inventiva del hombre que en remota antigüedad, puso por primera vez riendas a un caballo.
Aunque empírica, larga y atenta debe haber sido la observación de las características anatómicas, fisiológicas y locomotrices del equino, para llegar a imaginar la posibilidad de manejarlo mediante la introducción en su boca de un elemento vinculado a las manos del jinete y apto para trasmitir eficazmente sus indicaciones.
Los más antiguos bajorrelieves egipcios y asirios muestran caballos montados o uncidos a carros, manejados siempre de la boca, donde se observa colocada una embocadura pequeña, metálica al parecer y bastante similar a un tipo de filete actual. Los jinetes montan a horcajadas, con el dorso del caballo protegido por mantas o tapices, pero siempre sin estribos o espuelas, elementos éstos de invención posterior.
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