Comentario
Sorprende que los argentinos, tan afectos a rescatar algunos tramos de su pasado, no hayan rastreado seriamente el origen de la marcha partidaria más emblemática de la historia política. Tampoco hubieran podido imaginar cuánto y cómo intervino Eva Perón para que una marcha ajena dejara de serlo. Los peronistas de cualquier laya que han cantado enfervorizados combatiendo al capital jamás sospecharon la ideología de quien escribió esas palabras. La introducción marcial y el ritmo que la continúa, ¿son originales? Esta obra hermosa y voluntarista expresó sueños ilusionados pero estuvo asediada por plagios y apetitos materialistas desde su inicio. Muchos utilizaron la técnica de contar apenas parte de la verdad para atribuirse falsamente su autoría. Pero sus verdaderos autores fueron gente modesta, personas que nunca soñaron hasta dónde llegarían sus creaciones. Los autores de la música y de la letra se conocían, aunque no compusieron juntos esta marcha... porque uno tomó la melodía del otro sin siquiera consultarlo. Para que aquella marchita "de cuatro notas locas" (definición del propio compositor) evolucionara hasta su destino final, Los muchachos peronistas. debieron ocurrir hechos curiosos y hasta algunos ilícitos.
Este libro es el intento de quien nunca fue peronista por descubrir el origen de uno de los rasgos más bellos del peronismo: su marcha musical. Pero también es el esfuerzo de años, la paciencia, la decisión de no ceder en la búsqueda de ese hilo que permitiera desmadejar la historia y resolver el misterio.
Sobre estos aspectos y muchos otros trata este magnífico libro de Jorge Llistosella, que incluye testimonios, documentos, fotografías y evidencias incontrastables. Y como en las historias sentimentales, también aquí fue una niña bonita la que originó todo.
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