Comentario
Por una razón u otra, el autor pudo mantenerse soltero hasta una edad prudente. Llevó a cabo esa campaña heroica con un gran poder de observación y, sobre todo, con un gran sentido del humor. Este libro lo prueba. En él desfilan graciosas criaturas femeninas que Eduardo de la Puente retrata con infalible exactitud. Crueldad, dirán algunos, pero la buena memoria y la literatura no perdonan: para eso se han hecho cómplices.
La muy gorda, la muy fea, la que tenía una costumbre repugnante... Mientras de la Puente pasa revista al harén sucesivo, el lector completa una visión fragmentaria pero inolvidable de quince o veinte ocios de aventuras y penurias eróticas, amorosas y no tanto. Las costumbres, los lugares de moda, los ruidos y sonidos, las falsas profundidades, los alardes, la frivolidad a secas, lo que valió la pena hacer y lo que no, las transgresiones que habilitaron nuevas actitudes y las que habilitaron sólo una mueca de ironía, de alivio o de dolor, todo aparece en esta crónica que es además una admirable antología de personajes femeninos.
Escrito sin piedad, pero también con una inusual y memoriosa ternura, "Por qué tarde tanto en casarme", contiene todo el bienestar que la inteligencia y la ironia provocan cuando van en yunta, aunque no se hayan casado.
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