Comentario
El físico Albert Einstein y el lógico-matemático Kurt Gödel mantuvieron una estrecha y fecunda amistad durante años, sobre todo cuando, huyendo de la amenaza del nazismo, los dos se reencontraron a principios de los cuarenta al otro lado del Atlántico, en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. Ambos provenían del deslumbrante ambiente cultural austro-germano de comienzos del siglo XX cuyos científicos, filósofos y artistas sentaron las bases para una nueva comprensión de la realidad. Si con su célebre teoría de la relatividad, Einstein obligó a replantear la noción newtoniana de un espacio y un tiempo absolutos, el teorema de la incompletitud de Gödel fue la aportación más revolucionaria a la lógica desde Aristóteles.
Menos conocido es un escrito de 1949 en el que Gödel extraía las consecuencias de la teoría de la relatividad y planteaba abiertamente la inexistencia del tiempo y, por tanto, la posibilidad de viajar hacia el pasado. El propio Einstein reconoció que aquel texto representaba una importante contribución a sus teorías y que dejaba a la posteridad uno de los enigmas filosóficos más inquietantes de todos los tiempos.
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