Comentario
"El siglo XXI no empezó en el año 2000. Empieza ahora, en una época de incertidumbre". Son las palabras de Raf Simons, un diseñador que se inspira constantemente en los valores contemporáneos. Cada año se suman más diseñadores a los calendarios de la moda internacional. París, Milán, Nueva York y Londres siguen siendo las capitales mundiales de los desfiles de ropa, pero cada vez hay más ciudades que organizan actos para favorecer la promoción de nuevos talentos. En 2005, el concurso de Hyeres (Francia) celebró su 20º aniversario y el International Talent Support de Trieste (Italia) alcanzó la cuarta edición. Cada vez hay más escuelas de diseño y cada vez se matriculan más estudiantes que terminan incorporándose a un sector que crece año tras año.
También es indudable la importancia de las economías emergentes, en las que el consumo de ropa de marca constituye un modo de ostentar un éxito recién alcanzado. La distribución y la construcción de marcas en el ámbito mundial van en aumento. El sistema de fabricación está cambiando rápidamente, ya que cada vez más empresas buscan proveedores en países donde la mano de obra resulta más barata. La relación calidad-precio y la credibilidad son cuestiones fundamentales para cualquier diseñador actual, mientras que el consumidor de moda está hoy mejor informado que en cualquier otra época.
Hoy en día hay más boutiques de alta costura, grandes almacenes y puntos de venta que nunca. Cada vez más personas se incorporan a instituciones relacionadas con la moda que fomentan el crecimiento del sector en todo el mundo. Y cada vez hay más programas de televisión y páginas de la prensa que ansían poder mostrar un destello de glamour. La moda, que se redefine constantemente, capta el momento presente y refleja un par de temporadas: esas impresiones visuales constituyen el recuerdo de ese día, mes o año. Son la prueba viviente de que tuvimos los ojos abiertos, aunque fuera apenas un segundo.
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